sábado, 22 de octubre de 2016

"Caridad y Misericordia". Las virtudes de todo caballero espiritual


“CARIDAD Y MISERICORDIA”


LAS VIRTUDES DE TODO CABALLERO ESPIRITUAL

Ignacio Sánchez L.



Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador”.

San Francisco de Asís



“Se cuenta por próspero todo lo que se conforma a Cristo y a la fraterna Caridad de Cristo”.

San Agustín de Hipona



Uno de los elementos más preponderantes y esenciales de la caballería Espiritual, es el sentido que estas tenían y proferían a su vez sobre la "fraternidad" y lo que ella realmente significa.


Las órdenes caballerescas en sentido general, eran abanderadas del sentir fraternal o de una "fraternidad" que siempre pregonaban con el ejemplo y la acción más que con la especulación. En ese sentido no es difícil imaginar lo que representa un caballero provisto de un gran sentido del compartir, del sacrifico por los demás y caracterizado por una conducta de ayuda, de apoyo, de solidaridad, de entrega, etc., como resultado de un sacro oficio realziado en el interior del ser.


Hablamos entonces de una cabellera que tenía una profunda identificación con virtudes como "la caridad" y "la misericordia", que bien representan ese sentido de lo "fraternal", que toda orden debe de profesar y ejercer entre sus iguales en primer lugar y para con los demás sin distingo y por igual por otro.


Si algo han heredado las actuales órdenes ligadas a los oficios en Occidente de las vías caballerescas de antaño, es el sentido "fraternal" que deben de profesar como una proyección de un trabajo de realización espiritual alcanzado.


Y no podemos hablar de realización interior, si no hacemos gala y uso de nuestro espíritu caballeresco que todo iniciado posee como condición recibida y adquirida. 



Uno de los elementos que determinan el paso de lo virtual a lo efectivo en el recorrdio de los misterios, es el profundo sentido de la caridad y de la misericordia que debemos de interiorizar y equilibrar en contraste con otros elementos como el rigor, la disciplina y la rectitud. Entonces podemos entender que el caballero espiritual que debemos de recobrar en nosotros mismos, no es otro más que aquel que ha de alcanzar la conciliación de los opuestos en sí mismo, equilibrando los elementales de la materia en su recorrido de retorno hacia su propio centro inmanente.


El paso del caballero al Rosacruz, transita necesariamente por recobrar una condición que el ser humano como por efecto de la caída misma del hombre, ha perdido en los tiempos actuales que nos ha tocado vivir. 


No hablamos de otra cosa diferente que la del recorrido geométrico que va desde la periferia hasta el centro y que ha de conducir al ser al estado de perfección humana, adquiriendo de esta manera la condición de "adepto" en la vía tradicional.


Pero si todo esfuerzo, todo trabajo interior, toda disciplina doctrinal y meditativa no va a comparada de la caridad y de la misericordia, todo trabajo habrá sido realizado "a medias" y por ende sin ningún tipo de realización final, que es la interior, la del trabajo sobre nosotros mismos.


Bien dice un sabio sufí: disciplina para conmigo mismo y misericordia para con los demás...


Y hay en todo ello no solo una profunda enseñanza sino una guía completa de cómo debemos de conducirnos para con los demás, sobre todo para aquellas personas con las cuales sentimos un gran rechazo, porque son ellas en las que nos vemos reflejados nosotros mismos.


Entonces podemos entender que al hacer uso de la misericordia y de la caridad para con los demás, lo estamos haciendo de manera indirecta para con nosotros mismos, ya que todos y cada uno de nosotros somos un templo viviente en donde mora la divinidad y que nos hace a todos sin distinción, hijos de un mismo Padre y de una misma Madre.


Cuando perdonamos a los demás, perdonamos nuestros errores, cuando entendemos a los demás nos entendemos a nosotros mismos, cuando ayudamos a los demás nos ayudamos a nosotros mismos y no hay una mejor manera de avanzar en el camino, que dando Amor impersonal e incondicional a quien lo necesite de corazón.


La caballería Espiritual tenía plena consciencia de ello y como elemento fundamental de todo guerrero que libra su batalla interior contra sí mismo quien, es su propio enemigo, la práctica de la caridad y de la misericordia son obligatorias para aquel que quería y necesitaba conocerse a sí mismo.


Son pues la caridad y la misericordia parte integral de lo que conocemos como fraternidad. Si no aplicamos la caridad y ejercemos la misericordia hacia los demás y por ende hacia nosotros mismos, jamás podremos calificarnos como fraternales o fraternos ni podremos recobrar esa condición de "caballero espiritual" que tanta falta nos hace en los tiempos que nos ha tocado vivir.


miércoles, 12 de octubre de 2016

Hermetismo en la Caballería Espiritual



HERMETISMO EN LA CABALLERÍA ESPIRITUAL

Ignacio Sánchez L.

Una vez que el escudero aspirante a ser recibido “Caballero” había dominado el estudio del Hermetismo y el íntimo significado del proceso alquímico, por medio de la tradición Heráldica y del blasón, debía de pasar por el baño purificador a modo de viaje iniciático. Luego de las abluciones sagradas, era vestido con túnica, medias y ropa íntima de los colores blanco, rojo y negro. Un recordatorio de las tres etapas que el Ser en su camino de reencuentro con la Unidad Radical, debía de alcanzar previamente en su corazón: el Nigredo, el Albedo y el Rubedo. El aspirante era conducido posteriormente a una sala en donde debería ver pasar (ir y venir) a varias personas, con el fin de que reflexionara sobre el profundo y rico simbolismo de la “peregrinación”, que es tan característico y tal vital tanto para la caballería como para el sacerdocio cristiano. 


             Tras una larga espera, era conducido a la recamara intima en donde lo aguardarían el Gran Maestre de la Orden, algunos sacerdotes si era necesario y varios caballeros de la misma orden a la cual se estaba afiliando al candidato, ahora recipiendario. Allí, con la misma espada que luego le sería dada como su inseparable arma de batalla, es decir, el recordatorio siempre constante y perenne que la única batalla que siempre debería de estar dispuesto a librar, era contra su propio ego, contra su propia bestialidad, su infiel interior en pos de la liberación del reino interior y la restitución de su Ser Espiritual como Rey del mismo; era consagrado por los poderes de la orden caballeresca bajo la investidura del Gran Maestre.

            Allí le era comunicadas las palabras que le conferían la Influencia Espiritual de la cual era detentadora la orden y cuya oración estaba encabezada de la siguiente manera: “En el nombre de Dios, San Miguel y San Jorge…”. Vemos en esta fórmula la conjunción de los tres poderes divinos que bien guardan una profunda correspondencia entre el plano Metafísico (Dios), el plano Sutil (San Miguel) y el plano corporal (San Jorge), que nos ilustra como la filiación recibida para el ya caballero espiritual, penetra y bendice al Ser en su aspecto tri-uno: cuerpo, alma y Espíritu.

            Esta filiación caballeresca revela de una manera muy sub-rosa y solamente reservada para los ojos más aptos, un claro simbolismo de la reunificación de todos los niveles de consciencia que el iniciado debe de reencontrar en su centro, para luego conseguir la senda de comunicación con la Unidad.

domingo, 9 de octubre de 2016

Una charla sobre la caballería. De Maestro a discípulo...


UNA CHARLA SOBRE CABALLERÍA

De Maestro a Discípulo

Ignacio Sánchez


... Y recuerda querido discípulo, que los misterios preparatorios alistan el alma y la acondicionan para los misterios más profundos, más complejos, más íntimos.

Que la razón de ser de los misterios como los nuestros, los basados en el oficio de la guerra; nos colocan en frente de nuestro peor y más acérrimo enemigo: nuestro ego que no es más que la representación de nuestra más baja condición humana que debemos de dominar por completo para así poder participar de los misterios más profundos en el Ser.

Es de esta manera como las iniciaciones de oficio como la caballería, basan todo su simbolismo de manera alegórica en la guerra interior y para ello pone a nuestra disposición un trabajo íntimo de puro sacrificio y de penitencia a través de las virtudes en el Ser.



Quien no trabaja su naturaleza humana a la luz de la Fortaleza, de la Templanza, de la Justicia y de la Prudencia; jamás podrá decir que ha combatido efectivamente su aspecto animal. Sino, que nos diferenciaría de un hombre común?

Solo la consciencia sobre ello nos permite tener plena potestad el conocimiento sagrado que manejamos y no hay mejor consciencia que aquella que nos permite conocernos a nosotros mismos. No hay mejor "queste", que la de buscar conocer quiénes somos, que elementos condicionan a nuestro tipo humano y que virtudes en nosotros mismos nos acercan a nuestro Señor.

Es así como el caballero puede decir que ha tomado las riendas de su bestia inferior, del animal que ya domina bajo sus pies.

Querido discípulo, prepárate tú pues, en los misterios previos a la experiencia mayor. Trabaja sobre ti mismo, pule la espada magullada desde la última batalla y afílala de nuevo. Entiende que ganar una batalla no implica que has ganado la guerra, porque la guerra la librarás todos los días de tu existencia… porque todos los días que te quedan te tocará peregrinar en búsqueda de algo... Así como le tocó a Percival, a Galahad y a todos y cada uno de los caballeros de la mesa redonda de Arturo, en búsqueda del cáliz de la sagrada alianza de Dios con los hombres.

Entiende que para poder preparar tus manos para el sacerdocio, primero debes de alcanzar la experticia de la espada y de la lanza... Luego de ello serás apto para tener la copa sagrada que ha de bañar el alimento divino que habrás de dar a tus iguales en nombre de Jesucristo nuestro Señor. Y que así sea!