“CARIDAD Y MISERICORDIA”
LAS VIRTUDES DE TODO CABALLERO ESPIRITUAL
Ignacio Sánchez L.
Ignacio Sánchez L.
“Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe
nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida
eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso
Salvador”.
San Francisco de Asís
“Se cuenta por próspero todo lo que se conforma a
Cristo y a la fraterna Caridad de Cristo”.
San Agustín de Hipona
Uno
de los elementos más preponderantes y esenciales de la caballería Espiritual,
es el sentido que estas tenían y proferían a su vez sobre la
"fraternidad" y lo que ella realmente significa.
Las
órdenes caballerescas en sentido general, eran abanderadas del sentir fraternal
o de una "fraternidad" que siempre pregonaban con el ejemplo y la acción más que
con la especulación. En ese sentido no es difícil imaginar lo que representa un
caballero provisto de un gran sentido del compartir, del sacrifico por los
demás y caracterizado por una conducta de ayuda, de apoyo, de solidaridad, de
entrega, etc., como resultado de un sacro oficio realziado en el interior del ser.
Hablamos
entonces de una cabellera que tenía una profunda
identificación con virtudes como "la caridad" y "la
misericordia", que bien representan ese sentido de lo "fraternal", que
toda orden debe de profesar y ejercer entre sus iguales en primer lugar y para
con los demás sin distingo y por igual por otro.
Si
algo han heredado las actuales órdenes ligadas a los oficios en Occidente de
las vías caballerescas de antaño, es el sentido "fraternal" que deben
de profesar como una proyección de un trabajo de realización espiritual
alcanzado.
Y
no podemos hablar de realización interior, si no hacemos gala y uso de nuestro
espíritu caballeresco que todo iniciado posee como condición recibida y
adquirida.
Uno
de los elementos que determinan el paso de lo virtual a lo efectivo en el recorrdio de los misterios, es el
profundo sentido de la caridad y de la misericordia que debemos de interiorizar
y equilibrar en contraste con otros elementos como el rigor, la disciplina y la rectitud. Entonces
podemos entender que el caballero espiritual que debemos de recobrar en
nosotros mismos, no es otro más que aquel que ha de alcanzar la conciliación de
los opuestos en sí mismo, equilibrando los elementales de la materia en su
recorrido de retorno hacia su propio centro inmanente.
El
paso del caballero al Rosacruz, transita necesariamente por recobrar una
condición que el ser humano como por efecto de la caída misma del hombre, ha
perdido en los tiempos actuales que nos ha tocado vivir.
No
hablamos de otra cosa diferente que la del recorrido geométrico que va desde la
periferia hasta el centro y que ha de conducir al ser al estado de perfección
humana, adquiriendo de esta manera la condición de "adepto" en la vía
tradicional.
Pero
si todo esfuerzo, todo trabajo interior, toda disciplina doctrinal y meditativa
no va a comparada de la caridad y de la misericordia, todo trabajo habrá sido
realizado "a medias" y por ende sin ningún tipo de realización final,
que es la interior, la del trabajo sobre nosotros mismos.
Bien
dice un sabio sufí: disciplina para conmigo mismo y misericordia para con los
demás...
Y
hay en todo ello no solo una profunda enseñanza sino una guía completa de cómo
debemos de conducirnos para con los demás, sobre todo para aquellas personas con
las cuales sentimos un gran rechazo, porque son ellas en las que nos vemos
reflejados nosotros mismos.
Entonces
podemos entender que al hacer uso de la misericordia y de la caridad para con
los demás, lo estamos haciendo de manera indirecta para con nosotros mismos, ya
que todos y cada uno de nosotros somos un templo viviente en donde mora la
divinidad y que nos hace a todos sin distinción, hijos de un mismo Padre y de
una misma Madre.
Cuando
perdonamos a los demás, perdonamos nuestros errores, cuando entendemos a los demás
nos entendemos a nosotros mismos, cuando ayudamos a los demás nos ayudamos a
nosotros mismos y no hay una mejor manera de avanzar en el camino, que dando
Amor impersonal e incondicional a quien lo necesite de corazón.
La
caballería Espiritual tenía plena consciencia de ello y como elemento
fundamental de todo guerrero que libra su batalla interior contra sí mismo
quien, es su propio enemigo, la práctica de la caridad y de la misericordia son
obligatorias para aquel que quería y necesitaba conocerse a sí mismo.
Son
pues la caridad y la misericordia parte integral de lo que conocemos como
fraternidad. Si no aplicamos la caridad y ejercemos la misericordia hacia los
demás y por ende hacia nosotros mismos, jamás podremos calificarnos como
fraternales o fraternos ni podremos recobrar esa condición de "caballero espiritual" que tanta falta nos hace en los tiempos que nos ha tocado vivir.

