HERMETISMO EN LA
CABALLERÍA ESPIRITUAL
Ignacio Sánchez L.
Ignacio Sánchez L.
Una vez que el escudero aspirante a ser recibido “Caballero” había dominado
el estudio del Hermetismo y el íntimo significado del proceso alquímico, por
medio de la tradición Heráldica y del blasón, debía de pasar por el baño
purificador a modo de viaje iniciático. Luego de las abluciones sagradas, era
vestido con túnica, medias y ropa íntima de los colores blanco, rojo y negro.
Un recordatorio de las tres etapas que el Ser en su camino de reencuentro con
la Unidad Radical, debía de alcanzar previamente en su corazón: el Nigredo,
el Albedo y el Rubedo. El aspirante era conducido posteriormente
a una sala en donde debería ver pasar (ir y venir) a varias personas, con el
fin de que reflexionara sobre el profundo y rico simbolismo de la “peregrinación”,
que es tan característico y tal vital tanto para la caballería como para el
sacerdocio cristiano.
Tras una larga espera, era conducido a la recamara intima en donde lo
aguardarían el Gran Maestre de la Orden, algunos sacerdotes si era necesario y
varios caballeros de la misma orden a la cual se estaba afiliando al candidato,
ahora recipiendario. Allí, con la misma espada que luego le sería dada como su
inseparable arma de batalla, es decir, el recordatorio siempre constante y
perenne que la única batalla que siempre debería de estar dispuesto a librar,
era contra su propio ego, contra su propia bestialidad, su infiel interior en
pos de la liberación del reino interior y la restitución de su Ser Espiritual
como Rey del mismo; era consagrado por los poderes de la orden caballeresca
bajo la investidura del Gran Maestre.
Allí le era comunicadas las palabras que le conferían la Influencia Espiritual
de la cual era detentadora la orden y cuya oración estaba encabezada de la
siguiente manera: “En el nombre de Dios, San Miguel y San Jorge…”. Vemos
en esta fórmula la conjunción de los tres poderes divinos que bien guardan una
profunda correspondencia entre el plano Metafísico (Dios), el plano Sutil (San
Miguel) y el plano corporal (San Jorge), que nos ilustra como la filiación
recibida para el ya caballero espiritual, penetra y bendice al Ser en su
aspecto tri-uno: cuerpo, alma y Espíritu.
Esta filiación caballeresca revela de una manera muy sub-rosa y solamente
reservada para los ojos más aptos, un claro simbolismo de la reunificación de
todos los niveles de consciencia que el iniciado debe de reencontrar en su
centro, para luego conseguir la senda de comunicación con la Unidad.

Muy bueno vuestro trabajo Hno, como contribucion al mismo: antes de ser Armado como Caballero, este en su recogimiento Interior debe previamente pasar por la Ceremonia de "Velacion de Armas" y luego hasta el amanecer recitar el Regina Coeli en conjunto con su Padrino... Recibe de Corazon un TAF en NSJC ,os dejo una Pax Profunda...
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